Tuesday, July 09, 2013

El pago del docente

Definitivamente es el docente el profesional mejor pagado, no existe otra profesión que dé tanta satisfacción como ésta. Es un pago intangible, dependiendo de la manera como se vea, pero altamente significativo y perenne. El agradecimiento que se recibe cada día, cada vez que nos encontramos una persona, quien nos hace ver que estuvo en nuestras aulas y nos narra una anécdota, olvidada para nosotros al igual que su rostro y su apariencia, pero que nos refleja, nos muestra, y decimos, es cierto, yo estuve allí en la formación de esta señora de sonrisa agradable. Cuando estás esperando en la caja del supermercado y un señor te dice que el castellano que aprendió contigo le sirvió para toda su carrera, estás recibiendo un pago. Cuando te enteras que aquel adolescente que invitaste a caminar un día por todas las instalaciones del liceo, mientras le conversabas de todo el potencial que tenía y lo que podía hacer con su vida, es ahora un profesional, y que seleccionó la misma carrera que tú. Cuando vas a medirte la tensión y el médico de guardia estuvo en tu lista de estudiantes, cuando tomas un taxi y recibes el saludo atento del conductor quien también fue tu alumno, cuando en la cola del banco recibes el saludo agradable de quienes una vez fueron niños y ahora son adultos que te recuerdan. No hay otro pago, aún recibiendo el mayor de los sueldos, que nunca es el mejor para un profesional que desarrolla múltiples roles, que se equipare a la satisfacción que provoca un agradecimiento de estos. Que algunos no pudieron optar por un mejor camino, también duele, porque se trata de lograr que cada vez sea menor el número de quienes no asumen el reto, se trata de robarle gente al mundo de las drogas, de la corrupción, de la muerte. Es momento de ganar gente de paz, nunca se estará bien pagado, mientras no se internalice que lo principal para entender nuestro trabajo es la formación del ser humano, con vocación y amor, que es lo mismo.

Saturday, November 19, 2011

¿Y por qué no puedo escribir?


Una de las alegrías más grandes para un maestro es cuando su alumno lo supera, esa frase trillada tal vez, pero muy verdadera, la utilizo para presentarles a un escritor apureño, quien se descubre a sí mismo cada día en sus ejercicios de escritura, coplas, cuentos, ensayos, chistes o frases breves y ocurrentes sólo dejan en quien se aproxima a sus letras el deseo de leerle más. Al revisar el texto noto algo de arrogancia de mi parte al pretender asumirme como su maestra, sólo tuve la suerte de conocerlo en alguno de mis cursos, es su curiosidad perenne y el deseo de llegar al fondo de los contenidos que vimos aunado a su formación permanente lo que le dan el privilegio de hacer lo que quiera con el lápiz y ahora con las teclas. Les presento a Carlos Piñuela, en el siguiente post mi respuesta a su texto. Todo esto tomado de nuestra interacción en una red social, el facebook, por lo que aproveché las bondades del copia y pega. Aquí va:

¿Y por qué no puedo escribir?. Autor: Carlos Piñuela
"Para mí, escribir es gratificante; aún cuando sea yo mismo, mi único lector y mi único crítico.



Han desfilado muchos siglos, vidas y cambios por la ruta del acontecer humano, desde que fenicios, mesopotámicos y otras civilizaciones antiguas comenzaron a codificar relatos, experiencias, creencias y cualquier aspecto significativo de su cultura en forma de signos. Este suceso fue de tal trascendencia, que los historiadores, en un acercamiento conceptual, fragmentaron la historia de la humanidad en dos grandes grupos: La Prehistoria y la Historia. Para este segmentación, tomaron como referente antonomástico y línea diametral, la aparición de los primeros registros escritos. Es por ello, que actualmente se concibe como Historia, el corpus de acontecimientos acaecidos a después de la invención de la escritura; los sucesos pretéritos a este evento, estructuran un pasado legendario, extraído de la inconsistencia de mitos, cuyo estudio es más propio de arqueólogos y paleontólogos. Esta discriminación no es aleatoria, sino que es consecuencia de la misma naturaleza del texto escrito, pues su finalidad esencial, es transmitir y preservar intacta la información contenida, así como su significado e intencionalidad, determinados por su autor y el contexto que lo produjo. Por el contrario, el texto oral está expuesto en mayor proporción a condiciones externas que modifican su contenido semántico y por tal razón es solamente un complemento, sin fundamentos ni autores, de la manifestación y conservación de una cultura.



Una vez que el hombre comprendió la magnitud e importancia de su invención, hizo de ésta, una poderosa herramienta; un eje transversal de su pensamiento y el vehículo más eficaz para propagarlo. De esta manera, el ser humano dio una orientación funcional al texto escrito desde sus mismos inicios y le ha servido desde entonces para acondicionar e identificar su entorno. Lo convirtió en fundamento de sus religiones, ideologías políticas y producción literaria, razón que puso de manifiesto la importancia de la escritura en su desarrollo. No obstante, así como el ser humano se dio cuenta de la relevancia de este fenómeno, también fue consciente de la eficacia de la escritura como arma para someter y domeñar a sus semejantes. En otras palabras, el acto de escribir, necesariamente implica opinar o transmitir ideas; este hecho le confiere al hombre la capacidad de criticar, aprobar o refutar cualquier dictámen o imposición que le afecte de alguna forma. En consecuencia, estas facultades derivadas del proceso, atentan contra características endémicas de la especie, tales como la competitividad y la ansiedad de poder; y esto justifica en cierto modo, ese accionar. Al mismo tiempo, la escritura en pro de intereses políticos y personales, separa y clasifica la sociedad en estratos, e igualmente, en vista de la incompatibilidad de ésta con el silencio y la sujeción, explica el por qué le ha sido negada a las masas el acceso a desarrollar esta manifestación del lenguaje durante la mayor parte de la historia.



En el mismo sentido, los habitantes de los países pobres han sido mucho más afectados, pues en éstos, la inversión educativa es desproporcionada con las necesidades que presenta el sector y dista mucho de la que se destina para ese fin en las sociedades desarrolladas. En concordancia con esto, la filosofía de la mayoría de sus gobernantes al respecto (sintetizada en el párrafo anterior); la casi inexistencia de investigaciones contextualizadas en el área; la permanencia de programas de instrucción, cuyas estrategias y metodologías son contrarias a los objetivos propuestos; la masificación de la profesión docente sin considerar actitudes vocacionales en el aspirante y la persistencia de modelos gramaticales en los procesos didácticos de comprensión y producción textual, entre muchas otras, son las verdaderas raíces de esta calamidad. Como resultado de todo esto, en las aulas de clases, la palabra ESCRIBIR ha adquirido nuevas connotaciones semánticas, a tal extremo, que este término es sinónimo de ABURRIMIENTO, TEDIO, OBLIGACIÓN; y en jergas más actuales, “LALA” y “COMEZÓN”, entre otras. Corrobora esta postura, Cárdenas (2004), quien comenta en la introducción de su Propuesta Didáctica para la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera lo siguiente:

Si preguntáramos a nuestros estudiantes ¿Qué es para ustedes la escritura?, seguramente nos responderían que es algo aburrido, lo relacionarían con términos como: ortografía, gramática, corrección, que para ellos no tienen ningún valor o atractivo. Asociarían la pregunta además a un libro de texto donde sólo se traten temas de gramática o a un diccionario tal vez”.



Ante tal panorama, surgen inevitablemente las interrogantes: ¿cómo revertir esta realidad? ¿Cómo propiciar el acercamiento voluntario del estudiante al proceso de la composición? ¿Qué estrategias…? ¿Qué recursos…? Y así, una infinidad de propuestas que suelen, por lo general, volver a los rancios métodos prescriptivos de la enseñanza de la Lengua. Este es EL PROBLEMA, no existe vinculación ni correspondencia entre en el universo de nuevas teorías y lo que realmente hacen los docentes en el aula; y, pese a ese vasto mundo de aportes e innovaciones, el encuentro inicial del niño, la lectura y la escritura, sigue orquestado por la metodología tradicional, que privilegia la memorización de grafías, la asociación de éstas con fonemas, la “copia”, el dictado, y las infaltables “lecciones”. ¿Qué tienen de constructivas estas prácticas? Esta realidad ha propiciado la aparición de nuevos enfoques y sus respectivas producciones, sin embargo, siguen siendo solo teorías. Por ejemplo, Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño (1979) de Ferreiro y Teberosky, y que en palabras de Juan Carlos Negret, en su propuesta titulada Construcción Inicial de la Lengua escrita (2000), asevera:

“La idea de un niño piagetiano que tiene hipótesis sobre la escritura fue el gran descubrimiento de Ferreiro y Teberosky. Nadie suponía que los niños sabían algo relevante sobre la escritura antes de entrar a la escuela. La prehistoria de la escritura del niño –como la ha llamado Vygotsky- no era considerada objeto de estudio. Se creía que esos textos no tenían sentido ni valor comunicativo. El sistema escolar latinoamericano todavía sigue resistente a estas fuentes. La escuela tradicional, con su idea cartesiana de que la mente de los niños es una tabula rasa que hay que llenar, introduce prácticas de enseñanza de la lectura y la escritura violatorias de ese principio piagetiano”.



De la misma forma, en los siguientes niveles (específicamente en el Sistema Educativo Venezolano), la realidad es análoga. El estudio del lenguaje se independiza del resto de las asignaturas como si fuese un hecho aislado. Además, como si no bastara, el tiempo destinado semanalmente para desarrollar esta área es muy poco, si se atiende al nuevo currículo, en el cual se considera al Lenguaje, la Lengua y el habla bajo una perspectiva mas actualizada. Como consecuencia, la improvisación sustituye cualquier planificación posible y la adecuación, creatividad e incorporación de nuevos paradigmas, simplemente se aglutinan en un Plan de Evaluación, cuyo epicentro está formado por los Aspectos Formales de la Escritura. Esto conlleva, a que el estudiante tergiverse la naturaleza de la escritura y la importancia que ésta tiene en su crecimiento profesional, personal, social y hasta espiritual. Así mismo, no le confiere sentido alguno porque siempre ha sido un mero transcriptor de frases hechas, de grafías de textos, de “copias” y de “dictados”. De ahí, los nuevos semas del verbo ESCRIBIR.



Ahora bien, ¿escribir es aburrido? ¿Escribir es simplemente transcribir? ¡Qué idea tan alejada de la realidad! Es cierto, para escribir se debe usar una normativa preestablecida, regentada por la Gramática, pero la escritura es mucho más que eso. Es un instrumento apasionante para acercar al aprendiz y relacionarlo con la realidad; a través de ella puede plasmar mundos inimaginables, moldearlos con precisión; convertirse en omnipotente fuerza creadora, constructora de vidas, historias y aprendizajes. En fin, mediante la escritura el hombre puede aprehender, imaginar, reflexionar y gozar de la belleza de la realidad o de la invención. Y todo esto, ¿cómo se logra? Es imposible inventar una fórmula infalible, dogmática y estandarizada para enseñar a escribir, puesto que La lengua, tanto oral como escrita, es viva y real como el hombre mismo. Esto significa, que en la misma proporción que evolucionan las sociedades, cambia de alguna forma su Lengua, ya que ésta tiene que amoldarse a las nuevas exigencias lingüísticas, indispensables para sustentar esos cambios. Otra contrariedad para la creación de una “Piedra Filosofal de la escritura”, radica en el hecho de que cada individuo tiene un estilo distinto de aprender; y por ende, la Didáctica de la Lengua no escapa a esta sentencia. Este principio se nutre de innumerables investigaciones y autores: H. Witkin (1954), Holzman, P. S. y Clein, G. S. (1954); Eriksen, C. W. (1954); Schmeck, R. (1982); Smith, R. M. (1988), entre otros. Éste último, citado por Cabrera y Fariñas (2005), en su trabajo El estudio de los estilos de aprendizaje desde una perspectiva vigostkiana: una aproximación conceptual, publicado por la Revista Iberoamericana de Educación; señala que “los estilos de aprendizaje son los modos característicos por los que un individuo procesa la información, siente y se comporta en las situaciones de aprendizaje”. Por notro lado, La Teoría de las Inteligencias Múltiples ( Gadner,1993) define La Inteligencia como una capacidad que se puede desarrollar, entre ellas la Inteligencia Lingüística.



En síntesis, las ideas expuestas anteriormente, pretenden acercar a los docentes y estudiantes de La Lengua, a la naturaleza del proceso de la Didáctica de la Escritura. Es decir, los aspectos cognitivos, metacognitivos, psicológicos y sociales contenidos en él, considerados por la lingüística y que todo maestro debería asumir al emprender esta compleja tarea. Además, establecer que, ya sea en menor o mayor grado, todos los estudiantes, psicológicamente capacitados, pueden desarrollar esta facultad del lenguaje, vista más como una habilidad por construir, que como un talento innato. En consecuencia, sin la intención de inventar esa “formula mágica”, y como aporte a contribuir con la ruptura de un modelo generacional e improductivo en cuanto a la enseñanza de la lengua escrita, he aquí algunas sugerencias:



Primeramente, tanto el Docente como el estudiante de Lengua, tienen que reflexionar sobre la interrogante siguiente: ¿cómo se puede guiar el Proceso de la Composición, si quien lo facilita no es practicante del mismo? Difícilmente, un docente o estudiante de esta área admitirá que no le gusta escribir, sin embargo, numerosas investigaciones sostienen lo contrario. Al respecto, Oviedo (2000) opina: “Las causas del poco manejo de las habilidades lingüísticas por parte de los alumnos son muy diversas, pero lo más importante reside en el hecho de que los docentes, en su mayoría tampoco las desarrollan, son muy pocos los que sienten la necesidad y el placer de escribir y leer, de hacer de estos dos métodos un instrumento de uso cotidiano y son muchos lo que no entienden lo que escriben y lo que leen”. En este caso, el docente debe transformarse tácitamente, en condiscípulo de sus estudiantes durante el proceso y fuera de él; compartir ejercicios e inquietudes, pero nunca poner en evidencia que no es poseedor del hábito. En cuanto a los docentes en formación, tienen que desprenderse gradualmente de la paternidad del tutor e ir asumiendo una postura como facilitadores del proceso. En el mismo sentido, planificar, redactar y revisar sus producciones dentro de los marcos teóricos respectivos, sin limitar a éstos, las estrategias y metodologías empleadas. Es decir, convertirse en productos del paradigma constructivista: ser constructores se su propio aprendizaje y apropiarse definitivamente de esta práctica con originalidad y constancia.



En segundo lugar, los maestros de Lengua, a cualquier nivel, deben mostrar tangiblemente la utilidad de la escritura a sus estudiantes, así como establecer una relación lógica, lingüística e indisoluble entre las habilidades de hablar y escribir. Este aspecto tiene una importancia visceral en el proceso porque aparte de las diferencias existentes entre ambos conceptos, los objetivos que persiguen El Habla y La Escritura, están estrechamente relacionados. Dicho de otra manera, el habla es una manifestación natural del ser humano. Esta postura la confirma Chomsky (1964) en La Gramática Generativa Transformacional, que establece la presencia de estructuras lingüísticas universales innatas, comunes para todas las lenguas, conocidas como Universales Lingüísticos. Ahora, si se confrontan estas habilidades (hablar y escribir) del lenguaje bajo esta perspectiva, surgen entre ellas diferencias notables y la escritura aparece en este sentido, como una expresión artificial. No obstante, tanto el habla como la escritura tienen una finalidad común, manifestar el pensamiento del hombre. Por lo tanto, la disección entre ellas no es definitiva. Al repecto, Figuereido (1997), citado por Vivaldi (2007), sostiene: “La vida, la palabra y el pensamiento son inseparables; pensar y saber es querer decir y poder decir, porque lo que el hombre siente y piensa lo incorpora al mundo de las palabras. El juicio, pieza nuclear del pensamiento lógico, sólo existe en el cerebro del hombre por su traducción en frase”.



En vista de esto, el Docente no puede considerar el Proceso de la Composición como una manifestación desligada del desarrollo del resto de las macrohabilidades del lenguaje (Cassany 1994). Especialmente, es indispensable establecer la reciprocidad de la producción textual y el hábito de la lectura. Con relación a este punto, Villalobos (2011), en "La enseñanza de la escritura a nivel universitario: fundamentos teóricos y actividades prácticas basados en la teoría sociocultural", comenta: “Se ha discutido que la competencia escrita es diferente del conocimiento lingüístico (Scott, 1996). Si este es el caso, entonces el acto de escribir debe estar basado en el mismo conocimiento extralingüístico que el proceso de composición. Investigaciones acerca del proceso de composición han demostrado que los estudiantes que leen bien y de manera extensiva, generalmente, escriben mejor que aquéllos que poseen una competencia menor (Janopoulos, 1986; Krashen, 1993). Es decir, como en la lectura, en la escritura existe una cierta transferencia de conocimientos y de habilidades (Friedlander, 1990; Valdés et al., 1993). Lo que no se ha explicado satisfactoriamente es por qué estos estudiantes no son capaces de transferir este conocimiento total y eficientemente, y por qué es difícil para los docentes de escritura ayudar a los estudiantes que ya son lectores eficientes”.



Otro aspecto a considerar, sería el enfoque o modelo en que se fundamente el proceso. Como se dijo anteriormente, no existe una fórmula que por si sola sea suficiente para enseñar a escribir. De tal manera que el guía debe construir su propio modelo con una perspectiva holística, donde el resultado sea la posibilidad de un texto adecuado, coherente, y por ende cohesionado. Por otro lado, el maestro de escritura, en ningún momento debe ser inquisidor ni dictador. Mucho menos, limitar su labor al salón de clases y a los predicativos textos obligatorios. Actualmente, la mayoría de los estudiantes tienen intereses muy alejados de la Literatura y las Ciencias; por lo que es perentorio atraerlos a éstas, mediante otras estrategias. Así mismo, el proceso debe orientarse en principio, hacia las preferencias de los aprendices. Por ejemplo: quien guste de deportes, hablará de deportes, escuchará sobre deportes, leerá temas deportivos y escribirá sobre deportes. Al mismo tiempo, el maestro debe aprovechar esta motivación para inmiscuir progresivamente al estudiante en la producción de textos relacionados con otras disciplinas pero que tienen alguna relación con el tema de su interés. Bajo estas premisas, quizás seria más fácil salvar los escollos más comunes que se presentan cuando se intenta construir un texto, y, simultáneamente, exhibir una producción amparada en los enfoques más aceptados para regir el proceso de la escritura. Así se resuelven las trabas COGNITIVAS: ¿Qué eescribo? (Modelo y Enfoque de los Contenidos); COMUNICATIVAS: ¿Para quién escribo? (Modelo Ecológico); LINGÜÍSTICAS: ¿Está bien escrito? (Modelo del Producto y Enfoque Gramatical) y ORGANIZATIVAS: ¿Cómo lo escribo? (Modelo y Enfoque del Proceso? En cuanto a las actividades de evaluación, éstas tienen que ser permanentes y cualitativas. Cuando se intenta construir un texto es muy edificante la corrección objetiva. El docente debe estimular permanentemente el proceso, realzar los avances y minimizar los errores, pues el placer que produce escuchar frases como: “está muy bien pero lo puedes mejorar”, solo es superado por la complacencia de darle cuerpo a una idea y de decir algo que perdure en el tiempo, tal cual como se quiso decir.



Finalmente, revertir esta realidad significa crecer en todos los sentidos. En el plano académico, literario y personal; como docentes y como estudiantes. No importa cuantas teorías se construyan para propiciar la escritura, sin su aplicación práctica, contextualizada y comprometida, seguirán siendo solo eso: montones de papel, opiniones sin ninguna utilidad y demagogia de autoridades para mantener alejado al hombre común de esta bondad del lenguaje.





REFERENCIAS.



Cárdenas B. (2004) Propuesta Didáctica para la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera Universidad de Ciego de Ávila, La Habana.



Morin E. (1990) Evolución de los Procesos Didáctico de la lengua Escrita. México.



Negret J.C (2000) Propuesta para la Construcción Inicial de la Lengua escrita. Bogotá.



Villalobos J. (2011) La enseñanza de la escritura a nivel universitario: fundamentos teóricos y actividades prácticas basados en la teoría sociocultural. Universidad de Los Andes, Mérida.



Vivaldi G. (1986) Del pensamiento a la palabra. Curso de redacción: teoría y práctica de la composición y del estilo. La Habana: Editorial Pueblo y Educación."

Respuesta a un amigo.



En los últimos tiempos la interacción en las redes sociales específicamente en facebook, ha mermado la participación en el blog, hoy compartiré mi respuesta a un excelente ensayo que hace un amigo sobre la dificultad que tienen las personas para soltarse a escribir. Como es necesario conocer el contexto de donde se origina esta respuesta les colocaré también su ensayo en otro post, para quien se sienta interesado en leerlo. Le tomé prestada su imagen.

Imposible pensar que los maestros tengan tan mala intención que hayan negado consuetudinariamente y lo sigan haciendo aún de manera colectiva la enseñanza real de lo que significa realmente leer y escribir, hay que entender aquí que no es un problema de mala fe, sino tal como dice tu ensayo no puede guiar el proceso de la composición quien no lo practica.
No es difícil reconocer en muchos docentes e inclusive en quienes se están formando la carencia del hábito de lectura y escritura, aunque muchos quisieran creer que sí lo tienen. De igual manera pareciera existir una secuencia perversa donde las prácticas que se han privilegiado en la enseñanza desencadenan el rechazo, pero a su vez las mismas dan origen a otras que se instalan y se legitiman no sólo en la praxis del docente sino, peor aún, en el acompañamiento que hacen los padres y representantes, de allí que los intentos aislados de quienes ven la escritura como un proceso necesario de producción individual y la lectura como la comprensión, no sólo de los códigos sino también del contexto donde se produce el texto, se ven desestimados e incluso rechazados por el común de la gente.
Es importante la pregunta de qué entiende la gente por escritura. Para un grueso de la población es algo difícil sólo ejecutable por los escritores o quienes han recibido una especie de permiso, casi como un don, que el resto de los mortales no puede hacer, por lo que es necesario copiar lo que los letrados produzcan, sin ningún disimulo y sin ni siquiera divulgar la fuente, total todo el mundo lo hace y eso les valida su procedimiento, aquí el que exige autoría intelectual es el odioso.
Otra barrera la constituye las exigencias gramaticales y los aspectos formales de ortografía y redacción que se vuelven inalcanzables para muchos, esto ligado a una enseñanza inapropiada, donde la literatura fue utilizada para buscar oraciones, analizarlas, o reconocer adjetivos y preposiciones, hace que suene chocante cualquier actividad que recuerde los rigores que se sufrieron para poder aprobar la asignatura, aquí fácilmente se matan dos pájaros con un solo tiro, el disfrute de la obra literaria y la posibilidad de ser autor de un texto de intención artística.
Varias razones dan respuesta al porqué no puedo escribir, primero la oportunidad de hacerlo en un mundo académico donde las tipologías textuales dejaron de funcionar, para dar paso, por ejemplo, al “trabajo escrito”, especie de mamotreto que comparte características con la monografía, pero no es; con el informe, pero tampoco es, y donde cada docente exigirá, lamentablemente después que ya ha puesto la calificación, los elementos que debió tener y no tuvo para ser considerado un verdadero trabajo; o también a la “hojita”, que con las mismas limitaciones servirá para corregir luego las faltas y no los logros, porque se quería resumen, o no hizo el análisis, o era un reporte , no se vieron las conclusiones, no tuvo poder de síntesis, se perdió y no dijo nada, entre otras correcciones, la mayoría arbitrarias.
Otras incongruencias resultan ser las exigencias de textos académicos encasillados en normas caprichosas que contradicen su propia naturaleza, como por ejemplo, un ensayo que no se salga de tal lectura, con un número determinado de páginas o una prueba escrita donde se penaliza la paráfrasis o el dar un punto de vista personal porque se quería que contestara exactamente lo que decía la guía.
¿A quién no le pasó que cuando escribió poco le corrigieron que era muy parco y cuando se extendió le dijeron que para qué tanto “palabrerío”?
Sin embargo, hubo quien entendió el jueguito y sin saber escribir tampoco, se hizo de un banco de textos que le permitieron armar: “trabajos”, tesis, informes y afines, ganarse así sus churupitos, mientras le resuelve el problema a los estudiosos, inclusive de postgrados.
Indudablemente, lo más grave aquí sería pensar que la escritura surge para resolver necesidades escolares y perder así la posibilidad de recrear la vida misma en un acto íntimo, individual, humano, necesario, intransferible y altamente enriquecedor para el espíritu como lo es la escritura.
Quien se apropie de ésta, tendrá en sus manos la libertad, el poder de conocerse y de registrar su propia historia. Escribir es un derecho, que cada quien tiene para expresar en el papel sus miedos, tristezas, alegrías, esperanzas, anhelos, críticas, sentimientos, todo lo que le provoque, castrar esa libertad en la escuela es amordazar al hombre, reconocer que se ha vivido impedido de expresarse es un deber para iniciar la propia independencia

Sunday, October 09, 2011

Canaimita


Cuánto camino recorrido desde el cuaderno Caribe hasta la Canaimita, la materialización del Programa Educativo Canaima, que consiste en dotar a cada niño de una computadora personal portátil.

Imposible dejar de recordar unos cuadernillos amarillentos con los cuales nos dotaron en el quinto grado de mi época, siglo pasado, milenio pasado. Aquellos libros, así los llamaban los maestros, debíamos devolverlos al finalizar el año escolar, en el mejor estado posible, porque se le entregarían a los que venían detrás, misión casi imposible si se tomaba en cuenta que el endeble papel utilizado casi se quedaba en los dedos cada vez que se pasaba una hoja.

Toda la información que se suponía requeríamos en esos momentos era apretujada en letras muy pequeñas y sin ilustraciones. También se nos exigió que los forráramos, en ese entonces se usaba un papel verde algo áspero, quienes tenían más medios le agregaban además un plástico transparente y una etiqueta , se garantizaba así la vida del préstamo, mas no su lectura que resultaba muy poco atractiva.

Hoy nuestros niños, hasta en el lugar más recóndito del mapa venezolano, transitan hacia su escuela o de vuelta a casa con su preciado recurso, útil, novedoso, fascinante, pero principalmente, por sobre todas las cosas, suyo. Cada vez serán menos los casos como el de Juan Pedro, quien vive con su abuela , debe al llegar a casa entregársela para que ella la guarde no vaya a ser que él la eche a perder; María Teresa quien debe esperar que su mamá le dé permiso para usarla y estar ella presente no vaya a ser que se le caiga; Rufino quien debe escuchar las quejas de su padre que despotrica cada vez que lo ve con el “siniestro” objeto porque para él es un error del gobierno; el papá de Simón quien pretende buscar quien le cambie el programa a la canaimita porque ese software libre no le gusta para nada, o los que las manejan ellos y el niño que vea. Pero todo esto son circunstancias propias del proceso, mientras los padres o representantes también se educan y asimilan los cambios.

Afortunadamente, son muchos los niños quienes las usan con la facilidad que el momento les otorga para asimilar la tecnología, incorporar cambios positivos a su formación y educarse en un ambiente menos hostil y más acorde al mundo que nos toca vivir hoy, alegres, definitivamente felices de poder desarrollar habilidades, atentos a su proceso de formación. ¡Adelante!

Tuesday, August 09, 2011

Tiza, Terrón y Pájaro de Gino González


Gracias a la Fundación  Librerías del Sur en San Fernando de Apure, provoca estar allí,  pese a que sigue dañado el aparato acondicionador del aire, algo imprescindible en este Estado, ésta sigue prestando su servicio, libros organizados por temática, variedad, precios justos, buena atención, más   el permiso que tenemos los usuarios de recorrer los anaqueles sin que nos observen como bichos raros o nos apuren a la compra, no debería nadie despreciar la lectura  o decir  que no consigue  libros ¿cierto?.
                En esta nueva visita conseguí este libro: Tiza, Terrón y Pájaro de Gino González, lo encontré  ubicado con  textos de literatura infantil, tras un breve hojeo y ojeo pensé que eran cuentos que mi nuera podría leer a mi nieto, pero luego, al revisarlo detenidamente  en casa, me consigo con un libro  de historias breves de lo que suele rodear a la escuela, al maestro y a los niños en estos recintos, además de las ocurrencias infantiles que cada día nos llenan la vida de alegría, todo esto en un marco de sarcasmo y humor donde es el lector quien se siente reconocido como participante activo de una realidad que aún se niega a desaparecer del todo.
                Me reí mucho al leerlo y no dudé en recomendarlo y hacerlo pasar  de mano en mano a cada uno de los docentes que conozco, pero no es risa lo que debería causar aunque la produzca, es así como cuando nos reímos una y otra vez de la matada que nos dimos en la escalera de la escuela cuando todos nos vieron y dijimos “trágame tierra”.  Es la risa que luego se convierte en “qué broma tan seria que esto siga pasando”, ¿risa trágica?.  Allí nos vemos retratados, vemos al director de la escuela y liceos, al jefe de seccional, coordinador, al profesor o maestra modelo, vemos los esquemas escolares arcaicos, preconcebidos quién sabe con qué macabro fin, a los padres y representantes, a los niños y niñas que fuimos y a los que acuden hoy presurosos con su mochila de sueños los primeros días y fastidiados arrastrando los pies cual Felipito el resto del año.  ¡Gracias, Gino! 

Friday, November 05, 2010

NO DURANTE MI TURNO

“Disculpe, doctor, podría desinfectar el estetoscopio antes de auscultarme”, ¿verdad que nunca se le ha ocurrido hacer esa sugerencia al médico que le atiende en una consulta hospitalaria?, ¿cuántas veces habrá colocado este profesional el aparatico en el pecho de un paciente y cuántas veces lo limpia?, pues esta es una de las tantas sugerencias que la Kimberly-Clark Health Care, líder en la lucha contra IAAM (Infecciones Asociadas a la Asistencia Medica), realiza para hacer efectiva su campaña de prevención y educación para evitar los contagios que suelen producirse en centros de salud.
Paradógicamente al ir a un hospital u otro centro de atención, en búsqueda de salud, puede la persona encontrarse con un mal aún mayor que podría tener desenlaces desafortunados, de allí que no quisiéramos pasar por paranoicos a la hora de pedir normas higiénicas, pero lo que para alguien pudiera ser excesivo, podría salvar lo más valioso que tenemos, nuestra propia vida o la de nuestros seres queridos.
Las estadísticas que muestran el tipo de infecciones que suelen contraerse son alarmantes, no sé si se habrá hecho estudios de este tipo en Venezuela, por eso surge muy interesante que nos empapemos más de esta campaña NO DURANTE MI TURNO, visitando estas direcciones: http://prevenciondeinfecciones.com y http://es.haiwatch.com.

Tuesday, May 04, 2010

Expresarse en el papel


Alguien cercano me hace esta pregunta: ¿cuántos profesores exigirán a sus alumnos que produzcan y no copien cuando les asignan un texto escrito?, pero podrían agregarse otras ¿cuántos se cercioran de que lo escrito sea realmente propiedad intelectual del que lo hace?, ¿cuántos enseñan a producir?, ¿cuántos son realmente productores de textos cuando hacen sus entregas en los postgrados?
Pareciera que copiar y pegar impunemente es visto como algo normal y válido en cualquier etapa de la vida del estudiante, aquello del plagio y sus implicaciones ha quedado sólo para el caso de que el afectado descubra el fraude y decida tomar acciones, cosa no siempre probable de que ocurra.
El acto de escribir sigue siendo visto como una tarea engorrosa por la cantidad de exigencias sintácticas y gramaticales que engloba, por lo que resulta más cómodo copiar o buscar quién “escriba” en su lugar, lo que repercute también en la ausencia de estilos.
Llega a mi memoria una defensa de tesis de tipo cualitativo, donde la estudiante y productora de su propio trabajo, hacía gala de una descripción e interpretación hermenéutica dejando ver su yo escritor, sin perder con ello la rigurosidad del método utilizado y la evidencia de sus hallazgos para acercarse a una construcción teórica. Una parte del jurado avalaba el trabajo realizado, mientras la otra le repetía en voz baja, constantemente, “ la impronta, la impronta”, en su afán por sacar del ruedo un trabajo de investigación que no respondía a sus estereotipos científicos.
Negar al estudiante la oportunidad de aprender a vaciar en el papel lo que en su cerebro bulle es más que una insensatez, es impedirle disfrutar de la posibilidad que tiene de conocerse y aprehender el mundo, es cohibir su libertad de expresión, es mutilar sus potencialidades lingüísticas, es quebrar la posibilidad de llenarse de emoción ante la letra escrita y valorar la literatura en general.

Saturday, March 20, 2010

Formar un escritor


Tradicionalmente el cuaderno de clases ha sido el instrumento de evaluación por excelencia. Los padres lo revisan para hacerse una apreciación de la maestra; ésta lo hace para conocer el grado de responsabilidad de aquellos y por supuesto para dar cuenta del trabajo escolar de su alumno; los directivos y supervisores para conocer el desempeño del docente, y así por el estilo cualquier persona que desee tener una idea de qué tipo de colegio es, no hará sino revisar el cuaderno de algún estudiante del mismo.
Que no se salga del margen, que no arranque las hojas, que no haga tachaduras, que no deje páginas en blanco, que realice el encabezamiento tal como se lo enseñaron en la escuela, que el representante firme la tarea, éstas y otras tantas exigencias origina la no existencia de un soporte donde el individuo realmente plasme lo que desee sin que no se le venga encima el conjunto de requerimientos.
Ya estarán pensando qué cómo va a escribir alguien en un cuaderno sin guardar un mínimo de consideraciones, o qué tipo de desorden intento proponerles. No se trata de derrumbar las altas pretensiones escolares, aunque una patadita no estaría de más, sino de relajarlas un poco a fin de permitir que la escritura entre radiante y triunfal a los cuadernos escolares.

Permitir el diseño propio, la creatividad, la producción escrita libre y sin constricciones, propiciar el uso de un cuaderno libre, donde ni siquiera nuestros ojos censores tengan cabida, donde los miedos, alegrías, chistes, reflexiones, juegos, vivencias, cartas, notas, vaguedades, observaciones, descripciones, y más, tengan su reino. Un cuaderno que provoque leer, releer y guardar en el baúl de los recuerdos, ¡uff, qué regresión!.

En nuestro momento los llamamos “cuaderno de ensalada”, era un cuaderno delgadito o quizá el espacio vacío de otro, cuya asignatura dictó poco, donde guardábamos cualquier cantidad de cosas escritas sin ningún criterio, pero que resultaba sabroso para mostrar inclusive a los amigos más cercanos.

Album, cuaderno de locuras, cuaderno creativo, cuaderno libre, el nombre no importa sino la posibilidad de tener un lugar propio donde escribir realmente sin la dictadura de la actividad docente. Con el tiempo quedará el hábito y muy posiblemente un poeta, cuentista, guionista, ensayista, escritor.